Ecodecs: de un experimento durante el confinamiento a vender ecosistemas autosuficientes

Ecodecs nació en Málaga durante el confinamiento como un experimento doméstico. Casi seis años después, la empresa ha convertido los terrarios autosuficientes en un modelo de negocio que lleva tres ejercicios consecutivos triplicando su volumen de ventas

En el verano de 2020 sobraba tiempo y faltaban planes. Las restricciones de la pandemia habían convertido las casas en oficinas, gimnasios improvisados y lugares en los que cualquier pequeño cambio ayudaba a romper la monotonía. En ese contexto comenzó la historia de Ecodecs.

No hubo en principio un gran plan empresarial. Todo empezó con la intención de redecorar una habitación. Plantas, recipientes y distintos elementos decorativos comenzaron a mezclarse casi como un pasatiempo. De aquellas primeras pruebas surgió una pregunta: ¿era posible convertir pequeños fragmentos de naturaleza en objetos decorativos capaces de mantenerse prácticamente por sí mismos?

La respuesta estaba en los terrarios autosuficientes, pequeños ecosistemas cerrados en los que plantas, materiales naturales y microfauna conviven buscando un equilibrio estable. Lo que inicialmente era un hobby empezaba a parecerse a una oportunidad de negocio.

Un producto atractivo, pero todavía de nicho

Al estudiar el mercado, los promotores de Ecodecs encontraron una barrera evidente. Los terrarios existían, pero eran todavía un producto dirigido a un público bastante específico y con precios que, según la empresa, partían habitualmente de unos 50 euros. La conclusión fue sencilla: si querían llegar a más personas, tenían que cambiar la forma de producirlos.

En lugar de asumir el terrario como una pieza casi artesanal destinada exclusivamente a un consumidor especializado, Ecodecs apostó por estandarizar la producción, aumentar el volumen y distribuir sus productos a través del mayor número posible de canales.

El concepto que manejaban era el de un “lujo accesible”: mantener el componente estético y natural del producto, pero hacerlo asequible para consumidores que nunca se habían planteado comprar un ecosistema de este tipo. Aquella decisión acabó marcando el desarrollo posterior de la empresa.

Naturaleza para quienes no quieren (o no pueden) cuidar plantas

Un terrario autosuficiente tiene algo de pequeña paradoja. Está vivo, pero exige una atención muy diferente a la de una planta convencional.

Dentro del recipiente conviven diferentes materiales naturales, plantas y microfauna. Cuando el sistema alcanza el equilibrio adecuado, los procesos que normalmente ocurren en la naturaleza se reproducen a pequeña escala. El resultado es una pieza decorativa viva que puede mantenerse durante largos periodos sin los cuidados constantes asociados a otras plantas.

Ahí se encuentra precisamente una de las claves del producto.

Ecodecs busca llegar tanto a aficionados a la naturaleza como a personas que quieren introducir vegetación en una vivienda, una oficina o un negocio pero que no disponen del tiempo, los conocimientos o la constancia necesarios para ocuparse diariamente de ella. El objetivo de la empresa ha sido transformar algo tradicionalmente ligado a un mercado especializado en un producto capaz de entrar en espacios mucho más cotidianos.

De fabricar terrarios a suministrar a otras empresas

El experimento doméstico de 2020 fue creciendo.

Primero llegaron los productos. Después, un catálogo cada vez más amplio. Y más tarde, una estructura de distribución capaz de llevarlos a nuevos clientes. Según los datos aportados por la propia compañía, su red comercial lleva ya tres años consecutivos triplicando el volumen de ventas.

El crecimiento también ha cambiado su posición dentro del sector. Ecodecs asegura haber alcanzado precios más asequibles que buena parte de sus competidores europeos y haber escalado su producción hasta un punto en el que ya no vende únicamente al consumidor final: también proporciona materiales y productos terminados a otras empresas.

Es un salto significativo para un proyecto que comenzó combinando plantas y recipientes en una habitación durante la cuarentena.

Málaga como lugar para hacer crecer la idea

El recorrido de Ecodecs está estrechamente ligado al ecosistema emprendedor malagueño. La empresa fue ganadora de la Flash Session Hackathon de la Universidad de Málaga, un reconocimiento que le permitió acceder a un periodo de incubación en Promálaga I+D.

Posteriormente se hizo también con el XXVI Spin-off de la UMA, entrando durante otro año en The Green Ray, el espacio dedicado al emprendimiento y la innovación vinculado a la Universidad de Málaga.

A estos reconocimientos se han añadido el primer premio en la STup! International Startup Competition, además de su presencia como finalista en el Premio Junior del IMFE y en el Berkeley Method of Entrepreneurship Bootcamp.

Los premios pueden servir para llenar una vitrina, pero en proyectos jóvenes tienen otra utilidad bastante más práctica: formación, espacios donde trabajar, contactos y tiempo para comprobar si una idea que funciona sobre una mesa también puede sostener una empresa.

Un ecosistema que también sirve para explicar ciencias

Hay otra parte de Ecodecs que no ocurre en una tienda. La empresa ha llevado sus ecosistemas a centros educativos y eventos privados mediante talleres en los que los participantes pueden ver de cerca qué ocurre dentro de esos recipientes.

El terrario sirve entonces para explicar cuestiones como el ciclo del agua o la biodiversidad sin necesidad de quedarse únicamente con un dibujo en un libro. Todo está ahí dentro, a pequeña escala.

Las plantas, el agua, los organismos y el equilibrio entre unos y otros convierten el recipiente en una especie de laboratorio sencillo que permite observar procesos naturales de una forma bastante más tangible.

Aquella habitación quedó atrás

Ecodecs tiene hoy catálogo, distribución, clientes y proveedores. Ha pasado por programas de incubación, concursos de emprendimiento y competiciones internacionales. También vende a otras empresas y continúa buscando nuevos canales con los que aumentar su escala. Pero su historia sigue teniendo un origen poco solemne.

Hubo un verano extraño, demasiadas horas dentro de casa y una habitación que necesitaba otro aspecto. Alguien empezó a colocar plantas en recipientes y a probar combinaciones. Después vino todo lo demás.

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